IDEA VILARIÑO

5 11 2009

Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1920.
Además de poeta, fue crítica literaria, traductora, compositora y educadora.
En 1985, tras la dictadura, obtuvo la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación de la Universidad de la República.
De sus traducciones sobresalen los trabajos realizados sobre Shakespeare, reconocidos ampliamente por la crítica. 
Su personalidad y sus convicciones la llevaron durante muchos años a rechazar cualquier tipo de promoción de su nombre
y de su obra. A pesar de ello, obtuvo varios premios internacionales y ha sido traducida a otros idiomas.
Sus poemas, dotados de gran musicalidad, se agruparon en títulos como «La suplicante», «Poemas de amor»,
«Nocturnos» y «Poesía».
Falleció en Montevideo en abril de 2009.

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.





12 10 2008

No hay puertas

Poemas » olga orozco » no hay puertas

No hay puertas
Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo,        
con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera,       
con el vértigo de mirar hacia arriba,
con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche,       
con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría,
con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriéndome el costado del miedo,        
a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes,        
hiciste día a día la soledad que tengo.
Mi soledad está hecha de ti.        
Lleva tu nombre en su versión de piedra,
en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno;        
camina junto a mí con tu paso vacío,
y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez,        
hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera        
de un reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve.
Y creció por sí sola,        
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo
y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos,        
escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan al amor       
-personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-,        
o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar,
lejos, en otra parte,        
donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido.
Algunas veces sopla sobre mí con el viento del sur        
un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido
en la garganta rota de la dicha,        
o trata de borrar con un trozo de esperanza raída
ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales        
para que hiera todo cuanto miro.
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti.        
Aúlla con tu voz en todos los rincones.
Cuando la nombro con tu nombre
crece como una llaga en las tinieblas.        
Y un atardecer levantó frente a mí
esa copa del cielo que tenía un color de álamos mojados        
y en la que hemos bebido el vino de la eternidad de cada día,
y la rompió sin saber, para abrirse las venas,        
para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo.
Y no pudo morir        
y su mirada era la de una loca.
Entonces se abrió un muro
y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas        
y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad
semejante a mi vida.




almudena grandes

12 10 2008

Almudena Grandes Hernández nació en Madrid en 1960 y estudió Geografía e Historia en la Universidad Complutense de esta ciudad.

Vinculada al mundo editorial como escritora de encargo, adquirió el reconocimiento del gran público con Las edades de Lulú, que recibió el XI premio de narrativa erótica La Sonrisa Vertical en 1989.

Su segunda novela es Te llamaré Viernes y su tercera fue Malena es un nombre de tango. La cuarta, Modelos de mujer, es una recopilación de siete cuentos publicados anteriormente en varias revista y periódicos.

En 1998 publicó Atlas de geografía humana.

Lulú, sé buena y no crezcas

Has vuelto, sin saber cómo. yo he conservado intacto tu paisaje. Me dijiste, Lulú, sé buena y no crezcas.

Ha pasado tanto tiempo desde que desapareciste dejando todo en silencio. Para mí fue muy fácil retenerte, porque yo estaba sóla. Mis días eran todos iguales, grises, la eterna soledad, el eterno interrogatorio de mis padres, la eterna invitación de llevar una noche a mis novios a cenar a casa, el eterno ejercicio solitario de un amor triste… todos los días lo mismo.

Quizás hubiera podido ser feliz en ese momento si tu no hubieras aparecido, si no me hubieras marcado los últimos seis meses de mi vida. Todo el tiempo transcurrido desde entonces dejó de contar para mí, no era más que un intermedio, un azar insignificante, un sucedáneo del tiempo verdadero, de la vida que comenzaría cuando tú volvieras.

Y has vuelto. Sin saber cómo.Me reconociste en tu paisaje. te dije que había cambiado. La inocencia se había ido. Tú sólo respondiste… no has cambiado… sigues siendo la misma. Te amé en ese mismo momento. Siempre te he amado demasiado, supongo.

Las edades de Lulú
(fragmento)
© Almudena Grandes
(No. 16-18, julio 2000)
     …
     Desapareció. Me vestí deprisa, estaba hambrienta.

     No despegué los labios hasta que hube engullido siete enormes y exquisitas porras todavía calientes, uno de mis alimentos favoritos, mientras él me miraba e insistía en que no quería más, en que solía tomar solamente una.

     —¿Sabes? A mi madre le revienta que nos gusten más las porras que los churros, porque dice que ensucian más, que son más grasientas, como más bastas, ¿comprendes? —me reía yo sola, al recordarme—, dice que un churro se puede comer con dos dedidos, y queda bien, queda fino, pero comer porras en público, aunque sea con dos dedidos… —no pude seguir, él se reía conmigo.

     —Eres muy lista, Lulú…

     —Muchas gracias —pero mientras le contestaba comprendí que alguna vez debería volver al mundo real—. ¿Qué hora es? —en realidad, casi prefería no saberlo.

     —La una menos veinte.

     —¡La una menos veinte! —las piernas me temblaban, se iba a organizar una escandalera de mucho cuidado— pero… yo tenía clase hoy.

     —He decidido perdonártela, anoche te portaste muy bien —sonreía, me di cuenta de que para él aquello no tenía ninguna importancia, el colegio, la falta de asistencia, un día más o menos.

     Quizás tenía razón, no era para tanto.

     Seguramente, Chelo colaboraría, siempre lo hacía, le contaría a mi madre que me había despertado con empacho y que en su casa habían decidido dejarme en la cama; lo de la tutora tenía peor solución. En cualquier caso, existían riesgos mayores que ése.

     —¿Se lo vas a contar a Marcelo?

     —No, se moriría de celos —se sonrió para sí mismo, de una manera extraña—. Además, lo que hemos hecho no deja de socavar los cimientos del régimen…

     Salimos a la calle, hacía un día excelente, frío pero limpio, el sol calentaba a pesar de la fecha. Le pedí que me llevara a la puerta del colegio, tenía que ver a Chelo, prepararme una coartada antes de volver a casa.

     Condujo en silencio todo el tiempo, yo tampoco tenía ganas de hablar, pero cuando se detuvo al otro lado de la calle, enfrente de la verja, se volvió hacia mí.

     —Quiero que me prometas algo —su voz se había vuelto repentinamente grave.

     Asentí con la cabeza.

     —Quiero que me prometas que, pase lo que pase, recordarás siempre dos cosas. Díme que lo harás.

     Asentí nuevamente.

     —La primera es que el sexo y el amor no tienen nada que ver…

     —Eso ya me lo dijiste anoche.

     —Bien. La segunda es que lo de anoche fue un acto de amor —me miró a los ojos con una intensidad especial—. ¿De acuerdo?

     Me paré a meditar unos segundos, pero fue inútil. No sabía qué quería decir con todo eso.

     —No te entiendo.

     —No importa, prométemelo.

     —Te lo prometo.

     Me sonrió, me dio un beso en la frente, me abrió la puerta y se despidió de mí.

     —Adiós Lulú, sé buena, y no crezcas.

     No entendía absolutamente nada y volví a sentirme mal, como un corderito blanco con un lazo rosa alrededor del cuello.

     No sabía qué decir. Al final, salí sin decir nada. Caminé deprisa, en dirección a la verja, sin mirar para atrás. Vi a Chelo, y ella me vio a mí, se quedó mirándome con cara de extrañeza. El coche de Pablo se perdió entre centenares de coches.

     Me sentía mal, todavía.

     —Pero tú, ¿de dónde sales? —Chelo estaba sombrada y entonces pensé que a lo mejor se me notaba en la cara, que me había cambiado la cara.

     La cogí del brazo y comenzamos a andar en dirección a casa.

     Se lo conté, se lo conté a medias, omitiendo la mayor parte de los detalles, ella me miraba con ojos de alucinada, intentaba interrumpirme, pero yo mo se lo permitía, ignoraba sus constantes exclamaciones, y seguía hablando, hablé hasta llegar al final, y a medida que hablaba desaparecía aquella desagradable sensación, volvía a estar contenta, y satisfecha conmigo misma.

     De repente se paró en seco, me resbaló un pie sobre un alcorque y estampé la nariz contra una acacia. Clásico de mí, no tengo reflejos.

     Se quedó quieta mirándome. En su cara se dibujó una expresión conocida. Estaba enfadada, enfadada conmigo, enfadada sin motivos, pensé.

     —Pero, bueno, ¿cómo lo hicisteis?

     —Pues ya te lo he contado, yo estaba a gatas, es decir, no exactamente a gatas, porque no tenía las manos apoyadas en el suelo…

     —No quiero saber eso. Eso no me importa, lo que quiero saber es cómo lo hicisteis.

     —Pero si ya te lo he contado. No te entiendo.

     —No… —me quedé estupefacta, de repente. No estaba tomando la píldora, claro, no se me había ocurrido, no había pensado para nada en complicaciones de ese estilo mientras estaba con él.

     —¿Se puso una goma? —sus ojos brillaban con furor inquisitorial.

     —No, no sé, no me fijé, no le veía…

     —¿Y no te importa?

     —No.

     —¡Tú estás como una cabra! —se estaba poniendo furiosa, ella sola, cada vez más furiosa, porque yo no movía un músculo de la cara, ni estaba preocupada ni iba a conseguir preocuparme, y además sus accesos de histeria ya me ponían enferma. —¡Tú…, tú…, tú eres como un tío! Sólo vas a lo tuyo, hala, sin pensar en nada más. ¿No comprendes que te ha tomado el pelo? Es un viejo, Lulú, un viejo que te ha tomado el pelo. Échale un galgo, ahora. ¿Sabes lo que dice mi madre? Los chicos sólo se divierten…

     —¡Basta! —ahora era yo la que estaba furiosa—. No debería habértelo contado. No entiendes nada.

     —¿Qué no entiendo nada? —chillaba en medio de la calle, la gente se paraba a mirarnos—. La que no entiendes nada eres tú, que te has portado como una imbécil, tú, Lulú, que perdona que te lo diga, hija, pero es que no tienes ni pizca de sensibilidad…




maria emilia cornejo

6 09 2008
MARIA EMILIA CORNEJO:
EL SINÓPTICO DE LA POESIA DEL 70
Por Armando Arteaga.

Si hay una manera de reconocerme ante los ojos y los anteojos de María Emilia Cornejo, fue aquella tarde del invierno de l971, me parece, cuando Isaac Rupay nos presentó ante una mesa del café Versalles. Es posible que yo sea ese irreconocible amigo que el poema transforma en un personaje, en un mito, en una metáfora, en un nadie, en una imagen borrosa, en un instante olvidado , o en solo eso para ella: un poema. Tres amigos tomando café una tarde en una mesa del Versalles.

Cito a María Emilia Cornejo:

debí seguir tus consejos,
no leer más a Kafka
ni frecuentar esos cafés
que tú sí frecuentas;
pero es tarde
hace frío
y estoy sola.

¿Quién es ese otro solitario?. ¿Soy yo?. ¿Es Isaac Rupay?. ¿Otro poeta amigo de aquel entonces?. ¿Qué importa todo esto ahora?. Nadie puede saberlo. La poesía se vuelve un suceso misterioso en ella. Ha pasado tanto tiempo de esa larga conversación frente a tres simples tazas de café, un libro de Kafka (El Castillo, no La metamorfosis como pueden pensar algunos), una tarde de coincidencias evidentes y tardías. ¿Mucho o poco fue ese encuentro?. Tan callados como eran Maria Emilia e Isaac (1). No lo sé. Siempre me pareció María Emilia Cornejo: misteriosa y silenciosa, amable y agradable en su conversación, su presencia frondosa y su ternura ideal. Convertida ahora en un prototipo de “poeta excepcional” por las feministas, allá ellas.
Hubieron dos encuentros más en el mismo Versalles entre María Emilia, Isaac, y este profano amigo. No tan singulares como el primer encuentro. Nuestra generación tenía sus “paltas” y los poetas no eran la excepción de la regla. Pero esa, es otra historia, no tan formal. El aburrimiento, la depresión, enfermedades setenteras de moda, muchas veces envolvieron y abrumaron a sus protagonistas. No supe más de ella hasta su triste final. Se fue sin despedirse. Los teléfonos de nuestas estaciones estaban eternamente estropeados o incomunicados (a lo Moravia: los hombres nunca comprenden nada , o a lo Pavese: vendrá la muerte y tendrá tus ojos.).
Otro día, en la primera semana del mes de julio del año 73, Isaac Rupay me enseñó los “originales” -listos para entrar a la imprenta- de la revista Eros N- 1 , y allí estaban los tres famosos poemas de María Emilia Cornejo: Soy la muchacha mala de la historia, Como tu lo estableciste, y Tímida y avergonzada.
Alberto Escobar advirtió sobre la poesía de María Emilia Cornejo: “En la revista Eros se han difundido algunos poemas de M.E. Cornejo de indudable valía. Su temprana muerte segó una personalidad con talento que, a tenor de los textos transcritos, representa una voz individual, tersa, capaz de transformar la angustia y el desencanto en una especie de parábola sobre el amor y el tedio, la soledad y la autodestrucción”. (2).
No hay mejor descripción de aquel itinerario poético de María Emilia Cornejo, que se quedó: “en la mitad del camino recorrido” (titulo que le da nombre al libro que reúne los poemas que conforman su breve obra) (3), esa conjunción de sus poemas dispersos le da un sentido serio al sinóptico de su propia poesía y al proceso de aquella poesía de los años setenta, como dice Mariella Sala: con la dureza y adversidad de nuestros años juveniles, pero también con la fuerza, la magia, la vida.
Estos poemas confirman la visión personal de María Emilia Cornejo para enfrentar el trajinar de su vivencia. Mariela Sala en la Presentación de “en la mitad del camino recorrido” ha dicho algo muy valioso sobre la poesía de esta “muchacha mala de la historia”:
“En ella, vida y obra fueron una, y su muerte, por lo mismo, fue un acto poético mediante el cual permanecerá siempre entre nosotras como la adolescente, la contestataria, la que se atrevió a develar una verdad y lo hizo, para decirlo con sus propias palabras, “como una piedra que cae” y que deja para siempre sus ondas en el agua”.
El erotismo de sus poemas por ser inéditos en el momento que los escribió nunca han dejado de ser sorprendentes, ella fue la precursora de cierta liberación sexual y literaria de los turbulentos años setenta, poemas que fueron alabados por primera vez por Nelson Castañeda –cuando apareció Eros- desde el periódico La Raza, Chicago (11-05-1974.), desde una particular visión masculina que vale la pena recordar. (4)
Con estos tres poemas publicados en Eros, María Emilia Cornejo pasó a la historia de la poesía peruana como una de las más grandes voces femeninas de la Generación del 70, le bastó esta diferenciación en su estilo para ser incluida en la verdadera antología de la ruptura y la protesta: su propia vida de mujer solitaria y pesarosa (*).
Tal vez sea ella misma quién definió su propio perfil cuando fue invitada por el Centro de Estudiantes de Literatura en la UNMSM., en octubre de 1970, en el único recital que dio en la Ciudad Universitaria, en ese entonces escribió sus datos biográficos en Gesta N- 2, la plaqueta que se repartió en aquel recital. Ella se definió así: “Nací en Lima hace 21 años. Vivo en Lima y cuando salgo siempre vuelvo a ella. Escribo desde temprana edad, con breves y largas interrupciones. A mi estancia en tierras mexicanas debo el haber empezado a escribir más o menos disciplinadamente. Actualmente trabajo y trato de estudiar un poco en la universidad, aunque sé que terminaré siendo siempre autodidacta”.
Prestigio bien ganado con el tiempo el de María Emilia Cornejo, por su sinceridad y su actitud rebelde, por el deseo ardiente de su palabra, siempre contestataria y confrontacional con el machismo, a veces -rigorista y rimbombante- hasta el fastidio. Pero siempre salvado, su mensaje, por esa visión sinuosa de la realidad amorosa que ella siempre supo sirgar, directamente en la inteligencia y en el sentimiento (del lector).
El aporte sísmico de su poesía en el marasmo de aquella época de grandes brumas sociales y consternaciones políticas , fue bueno, y ella lo sabía. Por lo que hay siempre que leerla con admiración , recordarla con afecto , y agradecerle su aporte de mujer , por lo que escribió.
————

(1) Enriqueta Belevan en su libro “Poemas de la Bella Pájara Hornera” refiere también este detalle en su poema acerca de “Isaac Rupay”, Lima, 1984.
(2) Antología de la Poesía Peruana, Tomo II (1960-1973), Prólogo, Selección y Notas de Alberto Escobar. Ediciones Peisa, 1973.
(3) María Emilia Cornejo, En la mitad del camino recorrido (poesía reunida), Ediciones Flora Tristán, 1989.
(4) Nelson Castañeda, El poema de una mujer: María Emilia Cornejo. Diario La Raza, Chicago, mayo 11, 1974. Ilustración: Luis Macharé.

(*) SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA

soy
la muchacha mala de la historia,
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.

soy la mujer
que lo engaño cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.

soy
la muchacha mala de la historia.

COMO TU LO ESTABLECISTE

sola,
descubro que mi vida transcurrió perfectamente
como tú lo estableciste.

ahora
cuando ña sensación de algo inacabado,
inacabado y ajeno
invade de escrúpulos mis buenas intenciones.
sólo ahora
cuando me siento en la mitad de todos mis caminos
atada a frases hechas
a cosas que se hacen por haberlas aprendido
como se aprende una lección de historia,
puedo pensar
que de nada sirvieron los consejos
ni las interminables conversaciones con tu madre,
y esas largas horas de mi vida
perdidas
en aprendizajes extraños
sobre pesas y medidas,
colores
y sabores
y
en el vano intento de ir tras el sol
tras el vuelo de los pájaros,
de repente quiero acabar
con mi baño de todas las mañanas,
con el café pasado,
con mi agenda cuidadosamente estructurada
de citas y visitas a las que asisto puntualmente;
pero es tarde
hace frío
y estoy sola.

TIMIDA Y AVERGONZADA

tímida y avergonzada
dejé que me quitaras lentamente mis vestidos,
desnuda
sin saber qué hacer y muerta de frío
me acomodé entre tus piernas
¿es la primera vez?
preguntaste,
sólo puede llorar.
oí que me decía que todo iba a salir bien
que no me preocupara,
yo recordaba las largas discusiones de mis padres,
el desesperado llanto de mi madre
y su voz diciéndome:
“nunca confíes de los hombres”.

Comprendiste mi dolor
y con infinita ternura
cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,
tienes que abrir las piernas, murmuraste,
y yo me sentí torpe y desolada.





Sylvia plath

5 09 2008

“El no ser perfecta, me hiere”, escribió Sylvia Plath en su Diario en 1957.  Sylvia fue una morbosa amante de la perfección.  Aquello o aquellos que  perturbaron la anhelada armonía de ese paisaje que ella se había prometido en el gran escenario donde sería la estrella sin competencia posible, caerían presa de sus versos, diseccionados con fruición.  Mas fue ella su presa perfecta.

 

Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.
Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie
Es un pisapapel,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.
Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —
¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.
Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí
Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.
Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.
Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.
Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.
Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.
Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.
La segunda vez pretendí 
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.
Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/
Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.
Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo
Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:
‘Milagro!’
Que me liquida.
Luego una carga a fondo
Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.
Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre
O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien HerrDoktor.
Bien. Herr Enemigo.
Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebe de oro puro
Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.
Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda 00
Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.
Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.



   

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LA LUNA Y EL TEJO

Esta es la luz de la mente, fría y planetaria. 
Los árboles de la mente son negros. La luz es azul. 
Las hierbas se lamentan a mis pies, como si yo fuera Dios, 
hiriendo mis tobillos murmuran su humildad. 
Espirituosas brumas humeantes habitan este lugar 
separado de mi casa por una hilera de lápidas. 
Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir. 

La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio, 
blanca como un nudillo y terriblemente turbada. 
Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro; 
y está en calma 
con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí. 
Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo- 
ocho grandes lenguas afirmando la Resurrección. 
Finalmente, ellas proclaman con sobriedad sus nombres. 

El tejo apunta hacia arriba. Su forma es gótica. 
Sus ojos se elevan por sobre él, y encuentran a la luna. 
La luna es mi madre. Ella no es dulce como María. 
Sus vestiduras azules sueltan pequeños murciélagos y lechuzas. 
Cómo desearía creer en la ternura- 
el rostro de la efigie, dulcificado por las velas, 
inclinándose, sobre mí en particular, con ojos indulgentes. 

¡He caído tanto! Las nubes están floreciendo, 
azules y místicas sobre el rostro de las estrellas. 
Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules, 
flotando con sus pies delicados sobre los bancos fríos, 
sus cabezas y sus caras rígidas de santidad. 
La luna no ve nada de esto. Ella es calva y salvaje. 
Y el mensaje del tejo es negrura -negrura y silencio. 

 

DADDY     

Ya no me quedas no me calzas más 
zapato negro, nunca más. 
Allí dentro vivía como un pie 
durante treintaitantos años, pobre y blanca, 
sin atreverme a respirar ni decir achú. 

Papacito he tenido que liquidarte. 
Estabas muerto antes de que hubiese tenido tiempo 
Pesado como mármol, talega llena de Dios, 
estatua lúgubre una sola pezuña parda 
Grande como un sello de San Francisco. 

Una sola cabeza sobre el caprichoso Atlántico 
Donde derrama granos verdes sobre el azul 
Aguas afuera de la hermosa Nauset. 
Me acostumbré a rezar para que volvieras. 
Ach, du. 

En la lengua alemana, en el pueblo polaco,
Raídos, nivelados por la aplanadora
De las guerras, las guerras, las guerras.
Pero el nombre del pueblo no es extraño.
Dice mi amigo el polaco.

Que hay más de una docena
De modo que no puedo acertar dónde
Tú pusiste la planta, tu raíz,
Yo nunca pude hablarte
Se me pegaba la lengua al paladar. 

Se trabó en una trampa alambrada de púas
Ich, ich, yo, yo.
Apenas si podía hablar,
Creía que todo alemán eras tú
Y el obsceno lenguaje

Una máquina, era una máquina 
Insultándome como a una judía.
Otro judío a Dachau, Auschwitz, Belsen.
Como judía empecé a hablar
Y pienso que muy bien judía puedo ser. 

Las nieves del Tirol, la cerveza de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Con mi linaje gitano y mi extraña suerte
Y mi mazo de Tarot, mis cartas de Tarot 
Muy bien puedo ser algo judía. 

Siempre te he tenido a ti
Con tu Luftwaffe, con tu glugluglú,
Y tu recortado bigote
Y tu ojo ario, azul celeste.
Hombre-panzer. Oh, tú... 

No Dios, sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podría cernirse.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el brutal
brutal corazón de una bestia como tú. 

De pie estás en la pizarra, papi,
En la fotografía que tengo de ti,
Una hendidura en la barbilla
En vez de en tu pie.
Pero no menos demonio por eso, no,
No menos que el hombre de negro. 

Que puso freno a mi lindo y rojo corazón
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté morir
Y regresé, regresé a ti
Pensé que hasta mis huesos volverían también. 

Pero me sacaron de la talega
Y me reconstruyeron con goma.
Y entonces supe qué hacer.
Hice un modelo de ti.
Un hombre de negro con aire de Meinkampf. 

Amante del tormento y la deformación
Yo dije sí, sí quiero.
Así, papito, he terminado al fin.
El teléfono se arrancó de raíz,
Las voces ya no pueden carcomerme más. 

He matado a un hombre, he matado a dos 
Al vampiro que dijo ser tú
Y bebió de mi sangre todo un año,
Siete años si quieres enterarte,
Papito, puedes descansar en paz ahora. 

Hay una estaca en tu negro, burdo corazón,
A los aldeanos nunca les gustaste.
Están bailando y zapateando sobre ti,
siempre supieron que eras tú
Papito, papito: escúchame bastardo, acabada estoy.

 

 

 

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CANCIÓN DE AMOR DE LA JOVEN LOCA 

” Cierro los ojos y el mundo muere; 
Levanto los párpados y nace todo nuevamente. 
(Creo que te inventé en mi mente). 

Las estrellas salen valseando en azul y rojo, 
Sin sentir galopa la negrura: 
Cierro los ojos y el mundo muere. 

Soñé que me hechizabas en la cama 
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente. 
(Creo que te inventé en mi mente). 

Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan: 
Escapan serafines y soldados de satán: 
Cierro los ojos y el mundo muere. 

Imaginé que volverías como dijiste, 
Pero crecí y olvidé tu nombre.< mente). mi en inventé te que> 

Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti; 
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente. 
Cierro los ojos y el mundo muere. 
(Creo que te inventé en mi mente). “ 





rocio silva santisteban

3 09 2008

Biografía

Nació en la ciudad de Lima. Poeta, crítica y narradora. Estudió Derecho y Ciencias Políticas, diplomada en Estudios de Género y Magíster en Literatura Peruana. Cursó el doctorado de Literatura Hispanoamericana en Boston University. Ha ganado el Premio Copé de Plata en 1986 y el Concurso Nacional de Guiones 1995. Además de la docencia universitaria, tiene una reconocida trayectoria periodística en la prensa escrita latinoamericana. Es, asimismo, redactora del diario independiente iberoamericano La Insignia, España. En la actualidad trabaja como directora del diplomado de periodismo de la Universidad Jesuita de Lima. Entre sus obras publicadas se encuentran los poemarios: Asuntos circunstanciales, Ese oficio no me gusta, Mariposa negra, Condenado amor, Turbulencia y el libro de cuentos Me perturbas. También ha compilado El combate de los ángeles. Nadie sabe mis cosas: Ensayos en torno a la poesía de Blanca Varela, es su trabajo más reciente.

Mariposa negra 

Rocío Silva Santisteban
La Insignia, noviembre del 2004. De Mariposa Negra. Lima, Jaime Campodónico Editores, 1993.

 

 

 

El papel que he puesto sobre las ventanas ha quedado empañado
La humedad de su saliva sobre mis piernas, entre mis dedos
Se guarda y en pequeñas cavidades, destroza
Esto que a veces pretendo inventar.
No, amor, no basta con lamer nuestros cuerpos,
No basta con patearnos y gritar, jadear hasta pulverizarnos
No, amor,
No preguntes la hora después, no enciendas la luz, no hables, no pienses, no respires
Quieto
Deseo recorrer con mis sucias manos tu cuerpo inerte
Y sentir que mis olores te poseen, se incrustan entre tus vellos
Te deshacen.
Mi habitación rojiza se abre como una niña y espera
Pero este rojo tuyo no puede mezclarse ni sangrar, no puede
Rebajar esta brecha de tormento entre tu espacio y el mío
Tu saliva de nuevo sobre la palma de mi mano y tus ojos intentando
No amor
No basta con emitir gruñidos de animal en celo,
No basta con destrozar mi ropa en jirones al aire, no basta
Con inyectarnos veneno en este encuentro
No amor,
Cuando termino de escuchar la música que dejaste
Cuando corto un pedazo de pan y lo mastico para engañar mi furia
Cuando recorro con ojos lascivos la habitación en rojo
Y constato tu presencia en el interior de otra
Habitación vacía, cuando
Enredo entre mis dedos el ansia y la distancia
Sólo la imagen de tu sombra estirada sobre el papel fucsia permanece en mi silencio
Y una mariposa negra, presagio de la muerte, me acompaña.




BRONTE – HERMANAS

2 09 2008

Este es un clásico de la literatura inglesa que leí hace mucho tiempo.Es una novela muy conocida, y que además se ha llevado varias veces al cine.Según leí una vez, el mismo Hitchcock se inspiró en esta novela, despues de hacer algunos cambios para su pelicula Rebecca.

Está escrito por una de las hermanas Brontë, Charlotte.Las hermanas Brontë fueron tres escritoras inglesas de la época victoriana.Emily Bronté tiene como obra mas conocida “Cumbres Borrascosas” y Charlotte “Jane Eyre”.

Y a mi me gustaría hablar un poco de ellas antes de comentar de que trata el tema de la obra.

Ellas nacieron en la época victoriana en un pueblecito, su padre era pastor anglicano y era muy autoritario.Perdieron a su madre y a dos hermanas y todo eso las hizo tener una especial sesibilidad y fantasia romantica, sobre todo a Charlotte la autora de Jane Eyre.En aquella época las mujeres de clase media que tenían una educacion pero no tenían medios economicos, que además eran solteras o viudas, tuvieron que buscar otros medios para ganarse la vida.Muchas de esas mujeres comenzaron a escribir, pero no para ellas mismas, sino con la intención de llegar a publicar.Esta era una salida posible para no tener que trabajar como institutrices, pues ese solía ser el destino de esas mujeres.Las Institutrices trabajaban en familias de la Alta Sociedad y normalmente aunque fueran personas con cultura y educacion en esas familias no eran consideradas mas que como una parte mas del servicio domestico.Charlotte fué también institutriz antes de ser escritora.

A finales del siglo XVIII muchas aristocratas escribian como diversion, para sentirse mas libres pero nunca con la intencion de que fuera publicado, escribian poesia, autobiografias, su propio diario.Pero en el siglo XIX la cosas cambió las mujeres empezaron a escribir por necesidad material, y las que lo hacían eran miradas mal.Esa misma sociedad machista y patriarcal contó con el apoyo de algunos seudocientificos que decían que una mujer no podía escribir porque las capacidades biologicas en la mujer eran inferiores tanto del ser como de su cerebro.Por lo tanto una mujer escritora no podia existir.Pero a pesar de eso muchas mujeres empezaron a escribir para ganarse la vida, las ayudaba tambien en su dia a dia para fantasear con sus historias, y olvidar la que realmente vivian.

Estas tres hermanas Ann, Charlotte y Emily fueron unas de esas escritoras que pertenecieron a esa época.

Jane Eyre, cuenta la vida de una niña huerfana y pobre, educada en una escuela religiosa.Allí estudiará y obtendra una formación para despues al salir trabajar en una casa como institutriz.Trabajará para el señor Rochester un hombre del cual se enamorará pero que esconde un pasado oscuro que ella desconoce.(no cuento el final porque a veces me dicen que le quito la gracia a las novelas si lo explico de antemano).

La psicologia de Jane Eyre es el de una mujer que ha sido educada bajo una formacion muy ferrea. En el colegio le han inculcado desde niña que esta por debajo de los demás, que debe ser humilde, que no debe ser presumida con su aspecto, que debe tener siempre en cuenta que pertenece a un rango social inferior.Con este pasado a sus espaldas entra a trabajar de institutriz para el sr Rochester, un hombre que se sentirá atraido por esa mujer que no se parece a las que el conoce y con las que se relaciona.Jane Eyre en algunos momentos se sentirá fuera de lugar , las visitas que vienen a la casa con mujeres tan diferentes a como es ella, el trato que muchas veces recibe como si tan sólo fuera un mueble mas de la casa ,añadido a su secreto enamoramiento por el sr Rochester la haran sentir infeliz.

La escritora Charlotte Brontë, mostró en parte como eran las institutrices de la época, como eran sus vidas, como habían sido educadas y como eran tratadas por las familias, casi como muebles con los que ni siquiera se mantenía una conversación.Lo humildes que debían ser,lo poca cosa que debian sentirse para poder entrar a trabajar en esas casas.Pero por otro lado, adornó a esta novela con un final feliz que tan solo la literatura pudo convertirlo en benevolente y romantico porque la realidad de aquella época para estas mujeres no lo fue tanto.

Charlotte,por otro lado escribió pero tuvo que hacerlo bajo un seudonimo lo mismo que sus hermanas y otras escritoras de la época como Jane Austin.El seudonimo por el cual se conocía a Charlotte fué Currer.

cumbres borrascosas

…….-Pues soñé -dijo- que estaba en el cielo, que comprendía y notaba que aquello no era mi casa, que se me partía el corazón de tanto llorar por volver a la tierra, y que, al fin, los ángeles se enfadaron tanto, que me echaron fuera. Fui a caer en medio de la maleza, en lo más alto de «Cumbres Borrascosas», y me desperté llorando de alegría. Ahora, con esa explicación, podrás comprender mi secreto. Tanto interés tengo en casarme con Eduardo Linton como en ir al cielo, y si mi malvado hermano no hubiera tratado tan mal al pobre Heathcliff, yo no habría pensado en ello nunca. Casarme con Heathcliff sería rebajarnos, pero él nunca llegará a saber cuánto le quiero, y no porque sea guapo, sino porque hay más de mí en él que en mí misma. No sé qué composición tendrán nuestras almas, pero sea de lo que sea, la suya es igual a la mía, y en cambio la de Eduardo es tan diferente como el rayo lo es de la luz de la luna, o la nieve de la llama………    





andrea cabel

1 09 2008
Andrea Cabel – Poemas
 
[habitación 309]

La lucha del pelo negro y el firmamento giratorio./ tan pequeño y desde lo alto -pienso,/ juega al azar con pantalones entrecortados,/ sandalias verdes y un paredón de Venus llena de florestas y luna./
Un rabioso bulto, lleno de manchas violetas,/ espirales de manos desnudas,/ fugitivos dibujos desfilando por la esquina./ estrelladas lluvias y caminos,/ universales ojos color té./ plaza de niños pluma, perpetuando un arma que dispara ruido./ los reflejos del techo que suplican un abrazo./ y juntas las sombras, /
Toda el agua del mundo.
luego,/ tus ojos afelpados./ y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones./ despierta,/ tu boca ,/ todas las llamaradas de esperanza./ nocturna y terrenal./ polvo inextinguible,/ soplo de nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz. /

 

[Un puercoespín]

Dijiste que te gustaba la carne con espinas. Que era tu vida el caminar de lado, ser blanca como las angostas calles de tu casa, y brillar en silencio como las estrellas del techo que se te cae todas las noches. Yo soy un animal que se amolda a tu cama, repleto de espinas. Lleno de cercos y púas. Soy la mortaja que en tu vientre se revuelca pidiéndote madre. La mujer que en tu mente me reta, soy yo, vestida de lana por el invierno, escondiendo las púas para no asustarte y cantando en voz baja, la canción de cuna de los niños que tienen frío. Una burbuja rosada se cuela entre tus ojos que miran al techo del piso ocho
Y solloza.

 

[Constanza]

temprano cae el sol, solo existir esparce las flores./ de perfil, solo días de mantas al lado y calladas, un sonido que escucha vagando el vientre,/ llorando y despeinado./ máscara que sonríe y luego el humo./ el reflejo desgarrándose de tristeza /como las solapas y las esferas de luz./ mares silentes eligiendo un beso,/ niños príncipe que de espaldas a los astros / pintan las mejillas de los peces y el sollozo de los ríos./ humilde estrella de infancia que atraviesa la cocina y la habitación de la hermana,/ que se sienta/ serena y furiosa./. humilde estrella de infancia,/ humilde hermana.

 

[albúmina]

todas las rosas a oscuras,
la primavera en forma de pájaro.
tu cuerpo y los anteojos,
un decilitro de voz que no me pide nada;
el piano de otras manos que se abre y se sume buscándote un rostro,
armando los trozos que componen núcleos tristemente dispersos
para salvarte sin salida, brillando amarillo
conociendo mis intestinos, mi cadena umbilical
tratándose en todo caso, de esta música que merodea.
siendo curiosamente leche de los ojos que brota llorando
y todas las ciénagas plagadas de agua, pensando en ti mamá.
como las películas de colores,
las posadas del plasma que flotan siendo una metáfora de loto y guirnalda.
el mar entero encerrado en tus ojos, / en tu silueta que digiere sombra,
que conjuga las sierpes y los muros.

3 de Noviembre del 2007





emily dickinson

30 08 2008

La vida privada de Emily Dickinson ha estado siempre oculta a la vista del público, pero no hace falta más que echar una mirada a sus poemas para descubrir en ellas una coherencia, pasión e intensidad extraordinarias. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia un hombre —jamás mencionado por su nombre— con el que ella no podía casarse.

Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no puede hoy en día distinguirse ninguna secuencia cronológica concreta, lo que destruye la posible progresión dramática que narraría la sucesión de emociones que ella sintió hacia este desconocido, que tuvo, sin embargo, una capital importancia en la vida de la artista y que pudo tener influencia, incluso, en su decisión de autorrecluirse.

MORIR NO DUELE MUCHO

“Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

La costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

Los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar

 

nos empuje las plumas.

CREO TENER SOLO MODESTAS NECESIDADES

Creo tener sólo modestas necesidades,
tales como estar contenta y en el paraíso;
bien podría ser ingresado eso en mi haber,
así la vida y yo quedaríamos a la par.

Mas al incluir lo segundo mis dos demandas,
supuse que bastaría con especificar
solamente una de ellas en mi plegaria,
y la gracia divina me otorgaría ambas.

Así instruida me puse a rezar de este modo:
Grandísimo Espíritu, ten a bien concederme
un paraíso no tan enorme como el tuyo,
pero que sea lo bastante grande para mí.

Una sonrisa se expandió por el rostro de Dios;
el querubín que le escoltaba hacia atrás se echó;
santos serios a hurtadillas salían por verme,
y no pudieron evitar sonreírse también.

Dejé el lugar con regio aplomo…
mi plegaria a un lado arrojé;
recogiéronla los calmos siglos,
y el Destino parpadeó también,

al topar con una tan cándida
que tuviera por cierto el cuento:
“Cualesquiera cosa que pidierais,
os será otorgada, criaturas.”

Mas yo, vuelta más astuta, escudriño los cielos
con semblante sospechoso…
como los niños que al ser timados una vez
concluyen que todo tima





ROSELLA DI PAOLO

30 08 2008

Empeños de una casa

 

Rossella Di Paolo
(Lima, 1960).

 

 

Cierro la casa para que no escape
con su cama sin hacer su cocina de aceite.No son de ver casas que alcanzan
la calle alegremente
con un agua sin cambiar o el arroz abandonado.

Cómo la tortuga con sus platos
su escoba de hilacha sus medias repasadas?

Cómo el caracol con la familia
colgando tanto de su baba?

A punto de llave zurzo contramuros
a esta casa que despido
que me mira resentida en la ventana
que me espera vaciando los relojes
de arena y más harina y más araña
para echármelas en cara apenas vuelva.